Historia del papel higiénico

A lo largo de la historia, los seres humanos han ido “al baño”, incluso cuando “baño” significaba “allí, detrás de un piedra”. Si bien el proceso de evacuación no ha cambiado mucho a lo largo de los años, el proceso inmediatamente posterior sí. En un principio, las personas se limpiaban con lo primero que tenían a su alcance: piedras, palos, hojas, mazorcas o (¡auch!) virutas de madera. Los chinos fueron los primeros que utilizaron hojas de papel para el baño, alrededor del siglo VI d. C. Sin embargo, fue recién después de 1300 años cuando el papel higiénico se volvió de uso popular. 

Durante muchos años, los estadounidenses utilizaron las hojas disponibles del popular catálogo Sears. Venía gratis en el correo e incluso tenía una práctica perforación en la esquina que permitía colgarlo fácilmente de un clavo en la letrina. No fue sino hasta 1857 que Joseph Gayetty comenzó a vender “papel medicado” hecho de cáñamo enriquecido con aloe vera. Orgulloso de su invento, cada hoja tenía el nombre de Gayetty impreso. 

El producto de Gayetty se vio opacado por el invento del papel higiénico en rollo, popularizado por dos hermanos en 1890. Sin embargo, no quisieron colocar su nombre en el papel, y solo vendían el producto directamente a los hoteles y las farmacias.

En 1928, Hoberg Paper Company de Green Bay, Wisconsin, lanzó un agregado más suave en el papel. Según se conoce popularmente en la empresa, alguien dijo que los rollos de papel higiénico y su embalaje elegante y de estilo femenino eran “encantadores” (“Charming” en inglés) y fue así como nació el papel higiénico Charmin. El encanto femenino del embalaje ayudó a los estadounidenses a superar la incomodidad de hablar sobre las necesidades fisiológicas. En 1930 se lanzó un paquete económico de 4 rollos, lo cual probablemente ayudó a la empresa a sobrevivir a la Gran Depresión. 

En 1950, Hoberg cambió el nombre a Charmin Paper Company. Charmin cambió la imagen de la “encantadora mujer” del embalaje por la de un “encantador bebé” para simbolizar lo máximo en suavidad. Luego, seguiría la famosa campaña publicitaria de la década de 1960 y 1970 en la que le advertiría a las mujeres y los hombres de todo el país que “¡no aprieten el Charmin!” para destacar la tentadora flexibilidad del papel. Finalmente, la empresa terminó con un campaña llamada “El llamado de la naturaleza” protagonizada por una familia de osos animados que no tenían miedo de hablar de “ir al baño” y cómo disfrutarlo.

El papel higiénico continúa evolucionando, pero es importante recordar los años difíciles para el papel higiénico, y reflexionar sobre nuestros predecesores, líderes, inventores, pensadores y artistas icónicos y preguntarnos “¿Cómo lograron todo eso sin siquiera disfrutar de ir al baño?”.